Fotografía para recordar:
Elogio al álbum fotográfico

Armando Torres Rodríguez

Recuerdo muchos momentos de mi niñez en los que reunidos en familia veíamos las fotografías que teníamos guardadas en una caja de cartón que en un tiempo sirvió para guardar galletas. Imágenes de mis padres de novios, de los abuelos que casi no conocí, los tíos, mi hermano y yo; fotografías que daban paso a anécdotas simpáticas o tristes, inclusive algunas que con el tiempo se volvieron embarazosas (a quién le gusta que muestren una foto de uno en ropa interior a nuevas amistades). He aquí, la esencia de la fotografía, formar parte de la vida cotidiana: "Tan incorporada a la vida social que, a fuerza de verla, nadie lo advierte". (Freund, 1977).

La fotografía es ante todo un medio de conservar un recuerdo en imágenes, tanto si se trata de familiares, amigos, acontecimientos significativos en la vida de la familia o de lugares visitados. Históricamente desde finales del siglo XIX, la cámara fotográfica se popularizó por su relativa facilidad de uso. En Inglaterra por ejemplo, se dice que la cámara fotográfica desplazó a la bicicleta como entretenimiento dominical. "Oprima el botón y la compañía del Señor Eastman hace el resto", anunciaban los comerciales de la ya famosa empresa Kodak que simplificó enormemente el proceso fotográfico, y que con sus cámaras con película para tomar cien exposiciones, convirtió en fotógrafos a personas que no tenían conocimientos especiales del asunto y cuyo único fin era el deseo de tomar fotografías.

Desde el comienzo, la fotografía fue apartada del arte, y por ende de la reflexión estética, ya que presentaba al sujeto en términos de su realidad básica o cotidiana. Sin embargo, esa realidad básica también es una mirada sensible a la vida cotidiana. Katya Mandoki le llama prosaica, que forma parte de la estética: "La estética se define como el estudio de la facultad de la sensibilidad artística, y el de la prosaica o estudio de la sensibilidad cotidiana" (Mandoki, 1994).

Es muy común que en el proceso del aprendizaje fotográfico nos dejemos seducir por el glamour de la fotografía publicitaria, el acontecimiento noticioso o la apreciación estética de las diferentes expresiones artísticas. Las fotografías que se hacen en las fiestas familiares y de amigos, las que muchas veces consideramos banales (que es un sinónimo de prosaico), corresponden a este tipo de sensibilidad, a la necesidad de comunicar, de enunciar actividades, conceptos, sentimientos. ¿Y qué es la fotografía sino un procedimiento para el reconocimiento y el recuerdo? Para encapsular de alguna manera esta sensibilidad.

Pocos fotógrafos han encontrado en esta mirada la riqueza fotográfica, como Pedro Meyer. " Déjeme introducirle a mis padres. Sus nombres son Liesel y Ernesto". Con esta frase nos adentramos a la crónica de los últimos meses de vida de los padres del fotógrafo español Pedro Meyer. En su CD-ROM "I photograph to remember" , somos testigos de lo que el autor llama "la complicidad de la dulzura" entre su madre y su padre. No deja de sorprender que uno de los fotógrafos más reconocidos actualmente por su trabajo digital nos presente un proyecto en donde lo importante es reconocer y recordar.

¿Qué sucede cuando un ser humano trata de reconocer algo o alguien? "Refieren tanto la propia percepción actual (presencia) como su memoria de una percepción pasada (ausencia) a un tipo abstracto" (Eco, 1992). La fotografía confronta dos ocurrencias, una actual y otra recordada. Si en un papel fotográfico impreso puedo ver a dos mujeres jóvenes vestidas de fiesta, y unas banderas de fondo, recuerdo a las personas que se encuentran en la foto así como el acontecimiento que dio origen al registro, y decido que ambos son lo mismo porque los cotejo con mi modelo. Este reconocimiento funciona mejor entre más criterios de pertinencia encuentre, es decir, en la medida en que los rasgos que tengo en la memoria coincidan con los rasgos percibidos actualmente.

No es fácil ser la reina...

Meyer,Pedro. I Photograph To Remember. CD-ROM, edit. Voyager, 1991.

"Esta es una fotografía muy curiosa, ya que detrás de la imagen que en ella se ilustra hay una gran cantidad de sacrificios que tuvieron que hacerse para que se pudiera obtener un recuerdo como éste. Se trata de la celebración de las fiestas patrias en la colonia Manuel González (cerca de Huatusco, Ver.), cuando invitaron a dos muchachas originarias de ahí para representar a España y a México. Carmen Sampieri (izquierda) representó a España, y mi mamá (derecha) a México. Como se puede ver en la fotografía, sus vestidos eran muy costosos y en el caso de la abanderada por México (mi mamá) el vestido costó $350, pero para obtenerlos fue difícil ya que mi tía Lola (hermana de mi mamá) tuvo que vender 20 gallinas para irlo a comprar a Huatusco y que mi mamá luciera como la ven en la ilustración." 2

Esta es la historia que me contó sobre la fotografía la alumna Lorena de la Vequia. Ella todavía no nacía, ni siquiera estaba en proyecto, pero su madre le permitió reconstruir el proceso de reconocimiento y recuerdo. La fotografía comunica gracias a la posibilidad de relacionarla con un hecho real, con datos alternos no sólo aportados por la imagen, sino por el recuerdo de quien tuvo la experiencia directa del hecho y que posteriormente instruye a otros de esta experiencia.

La huella de la muerte
"Mi tío abuelo que llevaba el nombre de Antonio, era presidente municipal del pueblo de San Miguel Chaltepec y en una repartición de tierras varios quedaron inconformes, y ellos contrataron a unas personas que se dedicaban a matar del pueblo de Cuesta blanca, Puebla. Esta cerca de Esperanza, los hombres contratados llegaron en la madrugada a la casa de mi bisabuela tocaron la puerta, mi abuelita les abrió la puerta que contaba con la edad de 22 años y sin pedir permiso los hombres se metieron y un tío abuelo llamado Miguel que era hermano de mi tío abuelo Antonio si logró esconderse, pero mi tío abuelo Antonio no, porque en ese momento uno de sus hijos le estaba pidiendo algo llorando. Cuando él volteó ya le estaban disparando. Ese día precisamente llevaba consigo unas fotos en su bolsa de la camisa porque tenía que entregarlas en Puebla, con la documentación de reparto de tierras y en esta foto se ve uno de los impactos que recibió." 3

2y 3 Estas narraciones forman parte de un trabajo sobre la temática presentada que realizaron las alumnas de Comunicación Lorena de la Vequia Sampieri , y Nancy Hernández, en la clase de Fotografía de la carrera de LCC en el Campus Central de Veracruz.

La imagen fotográfica nos aporta datos que permiten reconstruir en la memoria el recuerdo, que posteriormente será transformado en verbalización. La imagen no prevalece sobre el hecho de hablar. Así, la fotografía no vale por sus referencias artísticas4, sino su cualidad estética reside en el valor que las personas le damos no por sí mismo, sino por el proceso de comunicación que permite. ¿Qué más prosaica que la clásica foto de ovalito? Sin embargo, Nancy -la alumna que nos cuenta la anécdota- no solamente reconoció a la persona en esa fotografía sino inclusive identificó esa mancha que le otorga a la fotografía un cierto sentido trágico desconocido para todo aquel que ignore la narración.

En las fotografías anteriores no bastó reconocer las formas impresas en papel fotográfico. En realidad, pasó de un reconocimiento mecánico a uno vital, donde ya no hay nada más imágenes de personas, sino historias que contienen un significado esencial para todos los involucrados; logrando ese modo de Ser que oponía Fromm al de Tener que reduce a una mera relación lógica o mecánica a las imágenes fotográficas.5

¿Qué pasa cuando hurgando el álbum fotográfico encontramos una fotografía de la cual no reconocemos, donde no hay registro en nuestra memoria? Una pareja y al fondo una catedral de la cual la familia ya no reconoce ningún detalle; la fotografía cuando pierde su historia se convierte en una imagen sin distinción, que pierde su significado. Pérdida irremediable.

4 Ya desde 1943, el fotógrafo Edward Weston discutía el hecho de que aparentemente la meta del empeño artístico era la realización de fotopinturas en lugar de fotografías. Lo anterior implicó el análisis estético de la fotografía bajo los parámetros de la pintura. Es curioso que no podamos cerrar esta discusión a la fecha.

4 Ya desde 1943, el fotógrafo Edward Weston discutía el hecho de que aparentemente la meta del empeño artístico era la realización de fotopinturas en lugar de fotografías. Lo anterior implicó el análisis estético de la fotografía bajo los parámetros de la pintura. Es curioso que no podamos cerrar esta discusión a la fecha.

5 Erich Fromm pertenece a l grupo de escritores y científicos desilusionados ante el fracaso de la promesa del progreso ilimitado de la modernidad. Una reflexión importante de esta época se refiere al concepto de tener y ser. Se es en la medida en que se tiene, lo cual es una confusión terrible. Inclusive en el caso de la memoria y la fotografía se aplicaba la diferencia: "el modo de tener (...) se caracteriza por la manera como la mayoría de la gente reacciona ante una fotografía. Esta sólo sirve para ayudar a la memoria a identificar a una persona o un panorama, y la reacción usual es afirmar: Sí, éste es, o Sí, yo he estado ahí. La fotografía se convierte , para la mayoría de la gente, en una memoria enajenada" (Fromm, 1996)

Bibliografía:
Eco, Umberto. Los límites de la interpretación. Ed. Lumen, Barcelona, 1992.
Freund, Gisele. La fotografía como documento social. Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1977.
Fromm, Erich. ¿Tener o ser? Ed. Fondo de Cultura Económica, México, duodécima reimpresión, 1996.
Mandoki, Katya. Prosaica, introducción a la estética de lo cotidiano. Ed. Grijalbo, México,
1994.



 

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