DESARROLLO SOSTENIBLE
EN AMÉRICA LATINA

EMPRESA PRIVADA
Y SENTIDO COMÚN


Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible de América Latina

Misión


1. LA VISIÓN EN LA QUE CREEMOS

Quienes integramos el Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible de América Latina (CEDSAL) creemos en los valores básicos para el desarrollo sostenible, tal y como fueron plasmados en los documentos clave de la Cumbre de la Tierra (UNCED), celebrada en 1992 y a la que asistieron más de cien jefes de Estado. Hemos desplegado estos mismos valores en nuestro propio libro: Cambiando el rumbo: una perspectiva global del empresariado para el desarrollo y el medio ambiente.

A pesar de las múltiples reformas económicas implantadas en nuestra región en los últimos años, nuestro sentido común nos dice que América Latina aún tiene que encontrar el camino hacia formas de progreso que podamos sostener, y que satisfagan las necesidades de su gente, sus empresas y sus gobiernos a través del tiempo. Han habido, sin duda, muchas salidas en falso y promesas no cumplidas en torno a nuevas eras en la historia de nuestra región.

Por eso, mientras continuamos esforzándonos por reformar nuestras compañías e instituciones, debemos seguir buscando respuestas a la pregunta de fondo: ¿Cómo afianzar formas de crecimiento económico sostenible que ofrezcan más oportunidades para todos y permitan, al mismo tiempo, mantener nuestros recursos naturales, base de todo progreso?

El sentido común también nos dice que debemos cambiar nuestras ambiciones; en lugar de consumir más debemos ahorrar e invertir más, producir y comercializar de manera más eficiente, al tiempo que utilizamos menos recursos. Todo esto debe ir acompañado de una reforma amplia y profunda de nuestras instituciones.

A estas transformaciones las motivan nuestro deseo personal por forjar una sociedad más sostenible para nuestros hijos, y la necesidad inmediata de seguir el ritmo de los cambios en los indicadores de competitividad global, que alteran nuestras ventajas comparativas de producción y comercio. El poder adquisitivo de los mercados mundiales y la influencia emergente de la sociedad civil nos obligan a avanzar hacia formas de producción, consumo y comercio ambiental y socialmente sólidas.

El sentido común nos dice que sólo podremos encontrar e implementar soluciones cooperando con otros, esto sin eludir nuestro compromiso de liderazgo. Tenemos una visión y pretendemos comunicarla, construir nuevas alianzas en torno a ella, trabajar con otros para afinarla y convertirla en una realidad.

Esta visión parte de algunas observaciones del sentido común:

  • Primero - La competitividad y la eficiencia son elementos clave para el éxito empresarial en una economía mundial en integración. Los mercados abiertos demandan mejores relaciones entre calidad y precio, más rapidez en el servicio y en la innovación. La competitividad implica eficiencia en el uso de todos los recursos: naturales, humanos, sociales, institucionales y financieros. El know-how, la motivación, las habilidades de los empleados y su nivel de educación, así como el acceso a información e ideas, adquieren cada vez mayor importancia. El uso racional de los recursos es aún más importante que la disponibilidad de recursos naturales a bajo costo; y la generación de valor agregado en la producción de bienes y servicios es más importante que la sola exportación de materias primas.

  • Segundo - El crecimiento económico no es sostenible sin progreso social y protección ambiental. Como líderes empresariales, sabemos que la pobreza es inaceptable moral y económicamente; por un lado se lesiona la dignidad humana, y por el otro, en condiciones de pobreza se produce poco y se consume poco. Muchos de nuestros mercados formales, frecuentemente ineficientes y caros, ponen una barrera a las personas que intentan salir de la pobreza; las fuerzan a permanecer en los amplios mercados informales de la región. Reducir la pobreza, por lo tanto, es una necesidad económica y social, así como una prioridad ambiental, dada la estrecha relación que existe entre la pobreza y el uso ineficiente de recursos, y entre la pobreza y la migración a las ciudades. El progreso social debe convertirse en un elemento de peso a la hora de juzgar el desempeño general de compañías, comunidades y países. Sin embargo, tanto el sentido común como las experiencias difíciles nos han enseñado que el progreso social no se logra dependiendo de la absoluta provisión de bienes y servicios básicos por parte del gobierno, sino que debe estar basado en políticas públicas que permitan que la gente logre para sí misma el acceso a oportunidades, crédito, educación y empleo.

  • Tercero - El desarrollo sostenible requiere de una visión a largo plazo. La inseguridad, los cambios rápidos en las condiciones legales y políticas, las reglas poco confiables y predecibles, así como los derechos de propiedad inciertos, dificultan la confiabilidad y la predictabilidad necesarias para la inversión, y llevan, consecuentemente, al "cortoplacismo". Nuestras reformas institucionales deben, por tanto, fomentar la confianza en las reglas del juego, la credibilidad en las instituciones, la aplicación de las leyes y la justicia para todos; esto implica instituciones públicas y privadas independientes, eficientes y responsables.

2. LOS CAMINOS PARA LA ACCIÓN

2.1 Ecoeficiencia en las empresas y en la infraestructura

La ecoeficiencia es el principal medio a través del cual las empresas ayudan a las naciones a avanzar hacia el desarrollo sostenible, al tiempo que mejoran su propia competitividad. Este concepto significa agregar cada vez un mayor valor a los productos y servicios, consumiendo menos materiales, y generando cada vez menos contaminación. La ecoeficiencia encaja perfectamente dentro de la meta de la Administración de Calidad Total, crucial para la competitividad.

Para lograr mayores niveles de ecoeficiencia, es fundamental:

  • Mantener limpias y sistemáticas las operaciones empresariales;
  • Aplicar sistemas de gestión ambiental, calidad, seguridad y salud ocupacional, preferiblemente certificados;
  • Reducir la intensidad del material utilizado en la producción de bienes y servicios;
  • Reducir la intensidad en el uso de energía para la producción de bienes y servicios;
  • Incrementar el reciclaje de los materiales;
  • Maximizar el uso sostenible de los recursos renovables;
  • Aumentar la durabilidad del producto; y
  • Disponer del desecho de manera eficiente y ambientalmente aceptable.

La empresas que sigan estos caminos serán más innovadoras, más productivas, y más competitivas. Es en nuestro propio interés que debemos fomentar la ecoeficiencia entre nuestros socios, proveedores y clientes.

Los mismos principios listados son compartidos por las pequeñas empresas, que constituyen cerca del 90 por ciento del total en América Latina y operan, muchas de ellas, en el sector informal. Aunque por su tamaño cada unidad de producción es capaz de generar un daño relativamente pequeño al medio ambiente, los efectos acumulados de tantas pequeñas unidades resultan serios y costosos. Muchas de estas empresas están aprendiendo que la ecoeficiencia se relaciona más con ahorros en materia prima y producción eficiente que con el medio ambiente.

El concepto de ecoeficiencia debe aplicarse así mismo a la planificación, construcción, mantenimiento y administración de infraestructura: agua, energía, transporte (carreteras, vías férreas), comunicación, puertos, urbanización y disposición de desechos. Este asunto compete tanto a las empresas como a los gobiernos, ya que la globalización lleva a una mayor privatización de infraestructura. Sin embargo, es importante recordar que la creciente habilidad de las empresas para encontrar oportunidades comerciales en infraestructura también implica cada vez mayores responsabilidades ambientales y sociales.

2.2 Capital humano

El sentido común nos enseña que si los mercados internacionales florecen y las oportunidades para las grandes corporaciones aumentan, sin que lo hagan los mercados locales y las oportunidades para la gente común, América Latina volverá a ser una región de políticas populistas y economías manejadas por el gobierno. Es obvio que con la creación de capital financiero deben enfatizarse otras formas de capital, incluyendo el social y el humano.

Lo que no es tan evidente es el papel que la empresa debe desempeñar en lo que a aspectos sociales se refiere. Mientras buscamos respuestas, algunas empresas pueden encontrar oportunidades comerciales ofreciendo, de manera privada, cuidados para la salud, educación e infraestructura; algunas otras pueden involucrarse en la educación y el cuidado de la salud de sus trabajadores, sus familias y vecinos, en aras de su propio interés; otras más han de participar a través de actos y pensamientos caritativos más tradicionales.

Sin embargo, cada vez más empresarios -incluyendo a los miembros del CEDSAL- reconocemos que si bien la labor del gobierno es establecer las condiciones para que ciudadanos, empresas, y organizaciones civiles actúen, la nuestra es trabajar con él y con otros actores en la determinación de las políticas que sustentan a dichas condiciones. Las siguientes son algunas consideraciones sobre reformas políticas:

  • Estamos en favor de hacer mejoras a la educación en todos los niveles. La experiencia ha demostrado que invertir en la educación y la capacitación de las personas -especialmente las mujeres- no sólo contribuye a reducir la pobreza, sino también a mantener un crecimiento demográfico sano. La capacitación vocacional y técnica tiene importancia similar, y puede ser planificada e implantada como un programa de políticas conjuntas entre los sectores público y privado.

  • Deseamos promover la actividad de la pequeña empresa, pues proporciona más de la mitad de los empleos en la región. Este sector necesita mayor acceso al crédito, know-how e innovaciones, así como a los mercados en un sentido amplio. No requiere de incentivos artificiales, sino de la eliminación de todo tipo de obstáculos en las áreas de regulación, impuestos, licencias y flexibilidad laboral.

  • Queremos promover nuevos y más eficientes esquemas de atención a la salud y seguridad social, incluyendo pensiones y seguros médicos. Esto sólo será posible si existen programas institucionales de ahorro eficientes y privados. Son pocos los países que han encontrado la manera de promover con éxito tales esquemas. Sin embargo, los Estados latinoamericanos deben seguir en esta dirección, desarrollando sistemas con mayor orientación de mercado que permitan un cierto grado de competencia y, por ende, una mayor eficiencia y alto grado de confianza.

2.3. Condiciones del entorno

Para lograr un desarrollo sostenible se necesitan mejores condiciones legales y políticas.

La estabilidad macroeconómica es fundamental para generar confianza, misma que a su vez fomenta la inversión y el ahorro. Existe un consenso global cada vez mayor sobre la necesidad de políticas económicas que promuevan baja inflación, privatización de empresas estatales, moneda estable, deuda pública controlada, equilibrio fiscal y mayor comercio internacional.

Gran parte de los éxitos de tales políticas se aprecia mejor en las cifras agregadas, y no tanto en éxitos microeconómicos significativos; esto puede ocasionar problemas sociales y políticos. Debemos seguir firmemente con la reforma macroeconómica, y dar señales claras a los mercados durante los próximos diez años. Nuestras sociedades deben liberarse de la mentalidad que promueve la inflación y que tan desastrosos efectos ha tenido; debemos deshacernos de la ilusión de que la ayuda gubernamental o internacional acabará con nuestros problemas; debemos aceptar el hecho de que sólo podemos gastar lo que hemos ganado.

Necesitamos tener en claro cuáles son verdaderos incentivos y cuáles no lo son. Ciertos incentivos gubernamentales -como aquellos que afectan los precios de las materias primas, bienes, servicios, capital, mano de obra y tecnología- no son sino meras distorsiones de mercado que generalmente operan en contra de los principios y objetivos del desarrollo sostenible. A decir verdad, la mayor parte de los subsidios funciona en contra del desarrollo sostenible ya que fomentan el mal uso de los recursos; por tanto, deben ser eliminados. Establecer los precios adecuados es especialmente importante para todas las cuestiones ambientales, sobre todo para asegurar el pago racional por el uso de los recursos y la disposición de desechos.

Estos costos tendrán que ser internalizados por las empresas, aplicándolos a los productos y procesos, de manera que puedan ser transferidos al mercado. Las empresas han de buscar la manera de reducir los costos asociados con el uso de los recursos naturales y la energía, para lo que han de diseñar nuevos sistemas, procesos y productos que reduzcan el impacto ambiental y agreguen valor para los consumidores y la sociedad. Este proceso se fomenta mejor a través de una combinación de instrumentos económicos y autorregulación, que mediante el uso de medidas de comando y control; dicha combinación otorga mayor flexibilidad a las empresas que se encuentran dentro de un marco de objetivos claramente definidos, para elegir la forma de aumentar la productividad de los recursos, prevenir la contaminación, e impulsar la innovación tecnológica y organizacional.

Debemos hacer más confiable el marco institucional. La experiencia histórica ha demostrado que las sociedades pueden tener una visión a largo plazo y planificar el futuro sólo cuando pueden confiar en sus instituciones. Lo siguiente nos indica la necesidad de modificar ese marco institucional:

  • Primero - Las transacciones empresariales a menudo son costosas y complicadas. Financiar una empresa en crecimiento utilizando sus activos como garantía (procedimiento estándar en los países más industrializados) no es sólo difícil, sino imposible en la mayoría de los países de nuestra región. Los mercados financieros permanecen subdesarrollados y las tasas de interés extremadamente elevadas. Estas barreras restringen el crecimiento, impiden el desarrollo de mercados financieros competitivos, y discriminan a los pobres. Lo mismo se aplica a las licencias y a la mayoría de los registros necesarios para hacer negocios. Persisten mecanismos complicados y anacrónicos; éstos mantienen elevados los costos de transacción y obligan a que tantos empresarios permanezcan en el sector informal.

  • Segundo - La inseguridad de los derechos de propiedad es común en toda la región. Es difícil y costoso registrar las propiedades rurales y urbanas; esto hace que el valor de cada propiedad permanezca artificialmente bajo. La resultante ineficiencia de los mercados de propiedades degrada las operaciones de otros mercados, especialmente el de créditos y garantías. La inversión agrícola permanece baja, lo que impulsa la migración del campo a la ciudad. Adicionalmente, la propiedad no asegurada contribuye a la incertidumbre, el "cortoplacismo" y los bajos niveles de inversión.

  • Tercero - Hay muchas deficiencias en el sistema legal y jurídico. Los mecanismos para la solución de conflictos no funcionan adecuadamente: en el caso de los extrajudiciales hay ineficiencia, y los judiciales son tan lentos e impredecibles que muchos miembros de la comunidad empresarial de la región los consideran inútiles, e incluso peligrosos. La falta de reglas claras del juego y de una implantación efectiva de las mismas fomenta la corrupción; eliminarla de raíz de nuestras sociedades ha de ser un objetivo de primer orden.

Las consideraciones sobre la ecoeficiencia, el capital humano y las condiciones del entorno de las que hemos hablado, son todas cruciales en los esfuerzos encaminados hacia el desarrollo sostenible. Desafortunadamente, cuestiones como la protección ambiental y la mitigación de la pobreza no representan una preocupación evidente para la mayoría de la gente, dentro y fuera de las empresas. En consecuencia, necesitamos mayor investigación económica e institucional sobre la relación existente entre las cuestiones mencionadas y la meta de un desarrollo ambiental y socialmente sostenible, para entonces entender con claridad los costos y beneficios, y darlos a conocer.

3. NUEVAS ALIANZAS PARA UN NUEVO LIDERAZGO

Estamos convencidos de que éste es el momento de buscar, para nosotros y para nuestra sociedad, la transición hacia el desarrollo sostenible, traduciendo nuestra visión en nuevas formas de pensamiento y acción, así como en programas y proyectos concretos.

Esto implica un cambio radical en los patrones de desarrollo, y el reconocimiento de las limitaciones de muchas de las actuales políticas económicas y de mercado, junto con las suposiciones equivocadas que las sustentan. También implica una visión a largo plazo y un mayor equilibrio entre los objetivos económicos, ambientales y sociales.

Ningún individuo, grupo, sector o profesión puede cumplir con esta misión sin ayuda; debemos, pues, incrementar nuestra voluntad de cooperación. Necesitamos una nueva alianza para un liderazgo que transforme el desarrollo sostenible en una estrategia concreta de desarrollo, que favorezca de igual manera a nuestra generación y a las generaciones futuras.

Así, al asignar tareas a los gobiernos y a las empresas, nos habremos de dar cuenta de que todos necesitamos del apoyo de todos para llevar a cabo la tarea.

Los gobiernos deben profundizar en una segunda generación de reformas institucionales, mediante incentivos y señales de mediano y largo plazo. Estas reformas han de considerar y anticipar los costos y beneficios del gasto público, y fomentar una mayor inversión, ahorro, ecoeficiencia y productividad. Con el apoyo de líderes empresariales y otros actores, los gobiernos deben poner especial atención en lo siguiente:

  • Generar marcos económicos, jurídicos e institucionales para el desarrollo sostenible, que sean consensuales, simples, transparentes y predecibles, y que definan con claridad las responsabilidades y competencias de los sectores público y privado.

  • Fomentar programas de educación y capacitación de alta calidad, acordes a las necesidades sociales y económicas de los países y de los mercados globales, teniendo en cuenta la protección del bienestar de las generaciones futuras.

  • Aplicar un sistema de contabilidad nacional que mida el valor de los recursos económicos y ecológicos, para poder estimar el stock de capital en su sentido más amplio y verdadero, y medir la depreciación de los recursos y activos fijos de los factores de capital. Todo esto nos permitirá establecer prioridades en relación a la inversión, la conservación, el consumo y el ahorro.

Los líderes empresariales, por su parte, deben establecer principios, políticas y sistemas que definan una visión de ecoeficiencia, la apliquen y la comuniquen; todo esto contando con el apoyo de líderes políticos y otros actores. Nosotros debemos, entonces:

  • Promover programas de ecoeficiencia para las empresas, y el involucramiento de las compañías en la filosofía empresarial, que tiene como meta la optimación de estos tres elementos: generación de crecimiento económico, mejor desempeño ambiental y mayor participación en el desarrollo social mediante la creación de más oportunidades para todos.

  • Apoyar y difundir programas de ecoeficiencia para la pequeña y mediana empresa.

  • Establecer en todos los países Consejos Nacionales para el Desarrollo Sostenible u organizaciones similares, como instituciones independientes y no lucrativas con el propósito de fortalecer el liderazgo empresarial y cooperar con las autoridades en el estudio, diseño e implantación de medidas para la creación de marcos legales e institucionales propicios al desarrollo sostenible.

  • Fortalecer mecanismos nacionales eficientes para el mejoramiento y certificación de la gestión ambiental, de la calidad y de salud ocupacional.

Es imposible estar en contra del desarrollo sostenible; pero también es difícil apoyar el concepto en un mundo donde existen tantas y tan grandes incertidumbres en lo económico, político, ambiental y demográfico. Con todo, el sentido común nos dice que éste es el único camino racional. Y el sentido común nos dice también que sólo creando nuevas alianzas podremos lograr rápidamente el progreso que necesitamos.




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